viernes, 23 de noviembre de 2018

II Encuentro de Ecología (Sector Social de la Compañía de Jesús)



El Sábado 10 de Diciembre estuvimos en Madrid unas 20 personas de diferentes ámbitos y lugares en el II Encuentro de Ecología dentro del Sector Social de la Compañía de Jesús. Tuvimos una mesa de experiencias personales y un tiempo propio para ver en otros y en nosotros el proceso de “conversión ecológica”. Por la tarde, compartimos experiencias sociales e institucionales  (desde granjas escuela  hasta programas en universidades y colegios de primaria-secundaría) que nos dan luces y pistas para caminar hacia un mundo donde el cuidado de lo más frágil sea prioritario para superar la crisis socioambiental que vivimos, pues no es posible separar la opción por los pobres y el cuidado de la creación. Entre otras claves para el futuro se señalaron el promover experiencias de conversión ecológicas que nos hagan ver que lo “ecológico” no es opcional, sino central para un cristiano, así como compartir tantas realidades y buenas prácticas como ya existen o podemos imaginar y todo, desde el gozo, la alegría y la esperanza de que avanzamos hacia una vida más plena.

Manuel S-M

martes, 6 de noviembre de 2018

MI EXPERIENCIA DE EJERCICIOS EN EL PUENTE DE NOVIEMBRE

Después de que el verano pasado hiciera mis primeros Ejercicios de cuatro días en Dos Hermanas organizados por CVX, el puente de Todos los Santos lo hemos pasado en la casa de Ejercicios del Puerto de Santa María nueve personas y dos acompañantes, todos de CVX menos cuatro, que pertenecen a otros entornos ignacianos. La motivación que me llevó a apuntarme a esta tanda era la de adentrarme más intensamente en la Espiritualidad Ignaciana, una vez que en verano viví la experiencia de comunicación con Jesús, aunque inicialmente me costó encontrar el camino.
Empezamos desconectando de los asuntos que dejábamos en Sevilla y haciéndonos conscientes de lo privilegiados que éramos por tener esa oportunidad, tanto por el entorno natural como por disponer de todo exquisitamente preparado por las hermanas que llevan la casa.
Si bien los cuatro días eran de silencio, la verdad es que estuve acompañado de muchas personas de mi vida que las tuve presente, además de nuestro grupo y otro de seminaristas con los que compartimos la casa. La mayoría estábamos en primera semana y nuestros acompañantes Cayetana y Norberto nos llevaron de la mano con cariño, aclarando cada punto para llevar a cabo cada una de las meditaciones o contemplaciones que correspondían.
Se alternaban momentos de lectura y escritura en la habitación con paseos y contacto con la naturaleza que permitían percibir mejor a través de los sentidos. Alguna repetición también hice, a la manera ignaciana. Al final de la jornada, en la misa compartíamos lo que más nos había resonado y, para finalizar, un examen de todo lo experimentado. Al tercer día, ya estaba adaptado y tenía la sensación de poder continuar muchos más.
Destacaría como perlas de lo vivido: El sueño de Dios para mí, los “para” de mi vida, hacerme consciente del pecado estructural, la mirada de amor de Jesús a Pedro, el “rey eternal” y, como conclusión, que Jesús me salva por Amor. El poso que me dejan estos cuatro días es que Jesús está conmigo y que, como dice la parábola de la vid y los sarmientos, tenemos que permanecer unidos en el amor.
Mi agradecimiento a CVX por facilitarnos esta oportunidad, tanto por los medios materiales como por las personas que nos han mimado estos días inolvidables.
Joaquín R (Grupo Esperanza)

ACOMPAÑANDO EJERCICIOS ESPIRITUALES

He llegado a la CVX con edad de ser abuelo, de hecho lo soy, pero he llegado atraído por el estilo de vida que se reflejaba en algunos de mis amigos que ya estaban dentro. Una vida de misión compartida teniendo como base la espiritualidad ignaciana.
En mi época de alumno del colegio Portaceli tuve la suerte de conocer al padre Manuel Prados que me inculcó la espiritualidad ignaciana, pero esa es una historia larga que dejaré para otro momento. Baste decir que aquella relación me dejó el gusanillo dentro.
Ya en la madurez de mi vida, Dios me regaló la oportunidad de hacer ejercicios en la vida ordinaria y aquello supuso un cambio importante, no tanto en mi vida cotidiana, como en mi deseo de seguir a Jesús, de hacer algo por Él, de tomarme la vida de otra manera. Y, como una cosa lleva a la otra, en el centro Arrupe me invitaron a acompañar grupos de Itinerarios de la Experiencia de Dios, para más tarde verme, todavía sin saber cómo, acompañando ejercicios espirituales personalizados.
Acompañar ejercicios implica una fuerte responsabilidad y, por ello, cuesta decidirse al principio. Siempre existe el miedo de si lo sabré hacer o meteré la pata. Básicamente, la misión del acompañante es poner a la criatura en contacto con su Creador. De hecho, san Ignacio pone como único requisito para acompañar ejercicios que el acompañante haya hecho los ejercicios completos previamente. Dicho así, parece simple pero supone esfuerzo, dedicación y, más que nada, mucha confianza en Dios. Ponerse en las manos del Señor teniendo a María como consejera es la mejor receta para un buen acompañamiento.
Acabo de regresar de El Puerto de Santa María donde he sido invitado a acompañar una tanda de ejercicios personalizados organizada por la CVX de Sevilla. Mi amiga, Cayetana Vizcayno, a quien CVX-Sevilla le encargó este año organizar un grupo de acompañantes de ejercicios espirituales, se acordó de mí para incorporarme a ese grupo y para participar en esta primera tanda del curso.
El miedo a acompañar del que hablaba antes se disipa totalmente cuando te metes en faena. Experimentar cómo actúa el Espíritu en el acompañado y lo va transformando, compartir sus sentimientos, sus emociones, sus penas y alegrías, sus dudas, sus consolaciones y desolaciones… Ver como progresa aquel ejercitante que entra sin saber nada de ejercicios o de metodología de la oración y en poco tiempo se entusiasma contemplando con los sentidos, o vivir el asombro de la novedad que encuentra el ejercitante más experimentado al repetir una meditación que creía saber de memoria, son un regalo para el acompañante que solo puede invitarle a agradecer a Dios tanto privilegio. Y… solo han sido cuatro días. Cuatro días de oración intensa para los ejercitantes y de trabajo exhaustivo para los acompañantes: preparando los temas, los puntos, las oraciones comunitarias, los horarios, las entrevistas… Un trabajo que se ve recompensado con creces cuando tienes una tanda tan disciplinada, madura, sensible y agradecida como la que nos ha tocado en esta ocasión. Y, sobre todo, cuando ves salir de los ejercicios a esas personas que has acompañado entusiasmadas y con ganas de repetir.
El curso pasado, mientras hacía el año de acogida en la CVX, los guías de mi grupo me dieron un texto para rezar previo a una de las reuniones. Se titulaba ESTILO DE VIDA. Obviamente se refería al estilo de vida de los miembros de la Comunidad. En un párrafo de ese documento se hace referencia a la Norma General 39a que dice lo siguiente: “39a) Los miembros participan de la vida comunitaria en distintos niveles concéntricos, siendo el de la Comunidad local (también llamado "grupo" o "pequeña comunidad CVX") el más apropiado para continuar comunitariamente la dinámica de vida generada por la experiencia de los Ejercicios Espirituales.”
Ante este párrafo, yo deduje que debía ser condición habitual para los miembros de CVX hacer ejercicios espirituales. Mi sorpresa ha sido encontrar que muchos no los han hecho. No sé cuáles serán los motivos. Sirva este escrito para animar a todos a hacer ejercicios espirituales. Ya se están preparando nuevas tandas para Semana Santa y Verano próximos. Que el Señor nos dé su luz y su gracia para ello.
Norberto A.B. (Grupo Esperanza).